LA VISUALIZACION EN EL DEPORTE

Imaginar es una manera de recordar un futuro que no ha sucedido, algo así como evocar memorias de un futuro que anhelamos. Evocar recuerdos e imágenes mentales es la precursora de la imaginación, esencia de la visualización. La visualización es una técnica sumamente eficaz, sobre todo en los deportes de alto rendimiento en los que se plantean metas cada vez más elevadas. Se trata de imaginar en forma deliberada. La técnica permite un entrenamiento, sin la acción motora, exclusivamente con una activación neuronal. 

El deportista debe tener muy claro todos los movimientos, gestos y secuencia de su actividad. Imaginar que ejecutamos un penal, o un tiro al aro o un saque en tenis, es no sólo posible sino de gran ayuda. Las imágenes mentales activan algunos de los mismos circuitos neuronales que activaría las neuronas como si participara en la experiencia real. 

Cabe recordar que el cerebro no distingue entre ficción y realidad. La imaginación no solo se trata de las imágenes, sino de oler, saborear, tocar y sentir lo que no está aquí. Lo que se busca con esta técnica es mejorar un movimiento o secuencia de ellos a partir de evocar parte de éstos, rellenando la secuencia con los movimientos óptimos que resulten dificultosos de realizarse espontáneamente en la acción real. Se trata entonces de una combinación de imágenes evocadas y de imágenes óptimas construidas con la mente. La repetición de estos ejercicios nos permite entrenar y fortalecer el respaldo neural de la secuencia.

Los factores más relevantes de la visualización son la generación de imaginería mental y la utilización del pensamiento hipotético. La imaginería mental es un tipo de cognición que utiliza las partes del cerebro que normalmente se utilizan para procesar la información sensorial que proporcionan la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto.  Un diseñador de páginas web o gráfico, debe imaginar cómo se verá su obra. Un escritor también.

Esto hará que, durante tal movimiento en concurso real, emerjan las emociones entrenadas durante la visualización. Ejercitar la visualización contribuye a consolidar un procedimiento motor automatizado.  De alguna manera podemos emparentar a la visualización con la meditación activa, de emplazamiento de un objeto sobre el que nos concentramos. No es esperable que en los primeros ejercicios de visualización no logremos conectarnos vívidamente con una secuencia de movimientos en particular. Es recomendable agregar color y brillo a las imágenes que construyamos, como una manera de incrementar la potencia de las visualizaciones. 

Esto lleva un tiempo de entrenamiento, por lo que practicarlo aún sin sensaciones de dominio inmediatas, igualmente reviste el valor de entrenamiento hasta alcanzar el mejor guion con forma, color, velocidad, plasticidad y emociones.

Es importante que entre entrenador y deportista elijan aquellos movimientos y escenarios de decisión que más dificultades ocasionan, para buscar las mejores alternativas de decisión. Buscar creativamente crear las condiciones ambientales que más asemejen el entorno, por ejemplo, con estímulos auditivos y olfativos propios del momento que se desea construir. El canto de una hinchada puede ser un elemento de fondo esencial para visualizar mejor una situación de juego competitivo. EL olor del césped también lo es. De otra manera, las redes que activemos carecerán del tono contextual que favorezcan su evocación.

Observar un acto motor familiar y ejecutable tiene dos beneficios destacados. Por un lado, permite al deportista construir imágenes de sí mismo, lo que favorecerá la visualización. Por otra parte, estimula no sólo las partes visuales del cerebro sino también las áreas de planificación motora. Es decir que por observación se produce un aprendizaje, usualmente efectuado por medio de la imitación, en la que los circuitos neurales involucrados en ésta son los que participan de ese aprendizaje. Lo mismo puede aplicarse al entrenamiento de una táctica en el fútbol o cualquier otro deporte colectivo, observando en un video los movimientos bien realizados, práctica que también puede extenderse a la visualización. En la danza, es también posible entrenarse visualizando. Los bailarines expertos ensayan sus movimientos conocidos en la mente, repitiendo el ejercicio mientras se consolidar los circuitos neurales que utilizarán en la secuencia motora. Sin embargo, también podemos usar la misma técnica cuando estamos intentando aprender. Podemos imaginar realizando los pasos y escuchando la música. Este ensayo mental es algo que también hacen los atletas, obteniendo grandes resultados. El beneficio es que se activan y fortalecen los mismos circuitos neurales sin hacer los movimientos. Las partes del cerebro que mueven su cuerpo están ensayando mentalmente.

 

LA VISUALIZACION EN EL PROCESO DE LA CURA DE UNA LESION

Esto es lo que Joe Dispenza hizo para curarse después de ser atropellado en su bicicleta por un vehículo. A sus 23 años, competía en un triatlón. A poco de haber dejado la etapa de natación, se subió a su bicicleta. Al llegar a una peligrosa curva e incorporándose a la carretera del circuito, un Ford Bronco Rojo lo embistió por detrás. El vehículo lo arrastró un rato hasta que la conductora se percatara de lo que había ocurrido. Se había fracturado 6 vértebras, con inserciones de los fragmentos de éstas en su médula espinal. La mejor solución parecía ser el implante de una barra de Harrington, una intervención quirúrgica importante, con elevadas probabilidades de un dolor crónico remanente y una discapacidad parcial. Pero Joe decidió ir en contra de los médicos. Creía que en cada persona existía una inteligencia que nos permite curarnos a nosotros mismos. El plan consistió en centrarse día a día en la reconstrucción de su columna, vértebra a vértebra, viviendo el presente. La conciencia es atención y la atención es la observación de las cosas. Dos veces al día durante dos horas se dedicaba a mirar en su interior y a crear una imagen del resultado. Cada vez que se distraía con un pensamiento indeseado, volvía a comenzar la meditación en su curación. Al cabo de seis semanas, el entrenamiento había comenzado a dar sus frutos: podía iniciar el proceso de imaginación sin distracciones, con sensaciones muy placenteras, presente en cuerpo y alma. Ya no le preocupaba ni el pasado ni el futuro sino el trabajo de curación del presente. Los cambios fisiológicos comenzaron a llegar y lo alentaron a continuar con gran perseverancia. A medida que elegía un futuro de recuperación total, combinándolo con las emociones que sentía al vivirlo, comenzó a creer que ya lo estaba experimentando en ese presente. Y la mejora se aceleró notablemente. Mente y materia unidos y determinando su destino. Nueve semanas y media después del accidente se levantó y retomó su vida habitual. A las doce semanas había vuelto a los entrenamientos. Es el poder de visualizar.

Hasta la próxima…