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Deportes Hoy

Laurina Oliveros, la arquera que encontró en Boca una razón para salir del pozo y aprendió a no enojarse

Diego Maradona decía «todos los arqueros son boludos». Tenía una obsesión con el puesto: que el papa Juan Pablo II tenía todas en contra porque, además, era arquero; que no pudo dormir cuando Giannina le contó que Benjamín, su nieto, se había parado bajo los tres palos en la escuelita de fútbol. «Gianni, ¿por qué lo mandan al arco?», le escribió por whatsapp. Laurina Oliveros, una de las pocas futbolistas que tiene perfil en Wikipedia, tiene 27 años, salió campeona con Boca el día previo a esta charla y no recibió premio pese a terminar con la valla invicta. Los reconocimientos fueron para sus compañeras: Andrea Ojeda se llevó el de goleadora, Lorena Benítez el de mejor jugadora del torneo y ella, nada.


NOTA EN LA SECCION DEPORTES DE LA NACION: 

¿Por qué tanto bullying histórico contra tu puesto?

-Y. Es un puesto discriminado. Es difícil. No es lo mismo que le pasa al resto, que cuando pierde la pelota hay otra que te salva. Hay que estar muy bien preparada no solo técnicamente sino mentalmente. A mí de chica me costó un montón porque me frustraba. Me enojaba y perdía la motivación. Por ahí me hacían siete u ocho goles por partido. Me curé cuando entendí que era parte del deporte.

Amadeo Carrizo decía que un gran arquero se hace comiéndose 400 goles, mientras que no sean en el mismo campeonato. El proceso de construcción de Oliveros como 1 arrancó en Estados Unidos. Se había mudado con su familia a Venice, en Los Ángeles, y empezó a jugar en la YMCA, con varones. Pero fue en V.A.Y.S.A., un equipo de fútbol femenino, donde el entrenador le preguntó si quería ir al arco. Lauchi, como le dicen, tenía 9 años. Era la más grande y la más alta del grupo. «No lo dudé y me encantó. Al día siguiente fui con mi papá a comprarme mis primeros guantes, estaba re feliz», dice.

Víctor tiene hoy una empresa de productos descartables y trabaja en el sector de seguridad del Bingo de Ramallo, de donde es la familia. Adriana, su mamá, y sus hermanas, Jimena y Manuela, siempre alentaron el deseo de la integrante futbolera, que allá también jugó en Los Sharks de Naples (Florida).

«Tuve esa base que muchas de las arqueras no tuvieron. Más allá de lo que aprendí, es lo que viví. Empecé a competir desde chica, tuve ese roce y ese juego a tan corta edad. Una aprende a medida que juega», dice Oliveros, que pide empezar a ver el puesto con «otros ojos, unos menos injustos».

-Gatti dijo alguna vez eso del «puesto de los bobos». ¿Qué pasa con las nenas? ¿Quieren ser arqueras?

-Nunca me pasó escuchar a una nena que quiera ir al arco. Lo que pasa es que por ahí quiere y le da miedo. Los adultos no te incentivan: nadie dice ‘No pasa nada’ si te hacen un gol. Todo lo que se dice es negativo. Incluso los periodistas, eh. Si una nena escucha eso, no va a tener ganas.

Marta Soler, arquera de Argentina en el Mundial 1971 -una Copa no organizada por la FIFA sino por una empresa- sufrió cinco goles en contra en el partido ante Dinamarca. Cuenta que ese día sacó muchas pelotas, pero nadie recuerda eso. «En un tiro libre, armé la barrera y cubrí el otro palo -recuerda-. Cuando tiraron, una compañera se agachó y la pelota se me metió. Claro, la culpa fue mía. Qué desamparadas estamos las arqueras…».

Arminda Taiguan, la 1 de Yupanqui, un histórico equipo de la década del ’80 y principios de los ’90, dice que la arquera te puede salvar un partido, así como la 9 puede hacer un gol y ganarlo. «Eso vale lo mismo. Le tendrían que haber dado el premio a Laurina. Se merecía esa caricia al alma porque el nuestro es el puesto más lindo. La rompió en este torneo».

En Estados Unidos, Oliveros competía todos los fines de semana, en distintas ciudades de Florida. Regresó a los 11 a Ramallo y no encontró dónde jugar al fútbol. Intentó con el handball, también al arco, y a los 14 llegó a Ferrocarril Urquiza, que se transformaría en UAI Urquiza tiempo después, tras la fusión con la universidad.

Cuenta que detrás de la iglesia de Ramallo había un terreno donde iba con una compañera a practicar. Rosa Frías, capitana por entonces del equipo, le pateaba y la hacía volar: horas y horas de los días dedicadas a entrenar de esa forma porque era chica, tenía que ir al colegio y no podía practicar con el equipo durante la semana.

No recuerda si tenía 14 o 15 cuando la convocaron a la selección: viajó en ómnibus, Carlos Borrello le explicó a su mamá cómo era la dinámica y desde entonces Lauchi fue parte del equipo nacional.

Integró el plantel que en la Copa América 2018 hizo el Topo Gigio en modo de protesta por las condiciones de entrenamiento y un viático que por entonces era de 150 pesos por día. Estuvo en el triunfo contra Panamá, en el repechaje que le dio el boleto a Argentina su tercer Mundial, el de Francia 2019. Pero se quedó afuera de la Copa. Antes, había tuiteado su disconformidad cuando se había presentado la camiseta de la selección con Lionel Messi y una modelo. «¿Y las jugadores del seleccionado femenino? ¿Acaso no tendríamos que ser nosotras las que presentemos la camiseta? VERGONZOSO», tipeó.

-¿Por qué te quedaste afuera del Mundial?

-Me lo sigo preguntando. Nunca recibí un mensaje o una respuesta. Primero pensé que quizá era por futbolístico, después que era personal por las cosas que pasaron sobre los tuits y haber hablado. Creo que esta decisión tenía como búsqueda una forma de callarme. Le pasó a muchas esto de expresar disconformidades y no jugar más.

-Sí, después del Mundial Estefanía Banini y Ruth Bravo, por ejemplo, no fueron más citadas…

-Las compañeras hicieron un buen desempeño en los Panamericanos después de Francia, si bien no podés comparar el nivel con un Mundial. Ojalá puedan volver. Son las referentes, son las que hacen que el fútbol y la selección sean más lindos. Hay muchas que tendrían que estar ahí. Y si mirás el torneo local hay un montón de jugadoras que están a la altura.

-¿Creés que podés volver a tener una chance con este entrenador?

-No. No me veo volviendo, lo veo lejísimos.

Oliveros llegó a Boca después de pensar en retirarse del fútbol. «Fue todo en caída. Fui perdiendo la titularidad en UAI, después quedé afuera del Mundial. Ese era mi sueño. Estaba tan cerca y de la nada se desmoronó todo -cuenta-. Estuve días encerrada en mi casa, no quería salir. Pensaba: ‘¿Qué voy a hacer?'».

Ahí tomó la decisión de cambiar de club y de abrir su propia academia de arqueras (Laurina Oliveros – Arco y Deporte). Boca le abrió las puertas. «Toqué fondo y salí a flote»; dice.

La coronación llega con la primera estrella en el fútbol femenino semiprofesional. Oliveros -que siempre mira a Ter Stegen, el arquero de Barcelona, para aprender-, mostró que está siempre bien ubicada, que achica bien en los mano a mano, y que tiene buen manejo de pies, como para salir jugando y dejar pagando a algunas rivales (inolvidable su pincelada contra Platense, que es para ver varias veces).

No hay secretos, dice. Aprendió de las rivales que le decían que notaban su fastidio cuando le hacían uno y que entonces sabían que le iban a hacer más. «Escuché. Tomé cosas de los entrenadores que tuve, Martín Tocalli y Mauro Dobler en la selección, de Elizabeth Mining, que ya se retiró, del Indio Fabián Binzunga ahora en Boca. Yo estaba tan enojada que ni siquiera veía cómo me jugaban en contra mis enojos. Hoy me molesto, pero no me voy del partido», cuenta. Cambio de página: «Me di cuenta que no disfrutaba jugar, que la pasaba mal. Ya no».

Del fútbol local le gustan Ariana Alvarez, de UAI, y la paraguaya Alicia Bobadilla, de San Lorenzo. La campaña del título -el primero con Boca, que se suma a los cuatro que celebró en la UAI Urquiza- conforme con su rendimiento. Pero es realista: «Hay una falta de arqueras importantes en el país, falta el entrenamiento».

-Faltó el premio a la arquera para la frutilla del postre del campeonato, ¿no? Otra vez se la agarraron con la arquera.

-(Sonríe) Está inculcado dentro de la sociedad tener al arquero o la arquera de punta. Lo hablé con Caro (Troncoso, su compañera). No lo digo en forma de queja sino como crítica constructiva. Hoy me tocó a mí, pero el día de mañana le puede tocar a otra. Es una motivación. Faltó eso. Es triste porque somos tan importantes como la goladora y la jugadora del torneo.

 

FUENTE: https://www.lanacion.com.ar/

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